El Oncenio de Leguía

- 41 República de Washington como una amiga de las Hijas de la Emancipdción Suramericana. Sin embargo á cualesquiera que no fuera obsesio- nado le parecería sarcástica aquella figura del Tío Sam en cuya fison01nía no se ad vierte ras- go alguno de idealismo. El Morro de Arica reaparece continuamente durante las actividades chileno-peruanas en e- jecución del Arbitraje del Presidente Coolidge, simbolizando, tal como tenía que ser, el obje- tivo de la política peruana. En la Estampilla Patriótica del Plebiscito se halla estampada la imagen del Morro, y ' 'Re- cuperad el Morro' ' es el lema de las insignias ~acuñadas en la época de la espectación pre- via á la solución del problema casi cincuente- nario. No es fácil preCÍ'.!iar si la negligencia culpa- ble con que se condujo la defensa peruana an- te el Arbitro deba referirse al defecto del des- cuido de nuestros compatriotas ó á un motivo más criminal, el de dejar perder deliberada- mente la causa del Perú, en oLcdiencia á ºin - tereses de terceros. La facilidad con que Leguía se acomoda al desastre de la pregonada política de justicia internaocinal y de recuperación del Morro hace sos- pechar que previó desde un principio la solu- ción ad versa del asunto Tacna y Adca y en- gañó deliberadamente a la Nación fingiendo es- peranzas que no abrigaba en realidad. ¿Diplo- macia de un hábil gobernante? ¿Patriotismo de un hombre que qttiere conjurar la zozobra cons- tante causada por el problema latente entre el Perú y U hile? Así dirán los leguíistas. 8ero difícil se hace á un no leguíista rendir un tributo de confianza y admiración á un Jefe

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