El Oncenio de Leguía
- 29 - fomentó una fobia contra los civilistas y una adora- ción por los yanquis, con el objeto de sustraer á ]a sociedad nacional á cualquitra influencia •ajena á la suya. Pero el yugo del civilismo no podría haber sido de peor carácter que el del leguiísmo ni el peligro chileno peor que el yanqui. El pueblo estuvo ciego á aquel resp~cto, y más ' bien que ciego, hipnotizado. En el pueblo había muerto todo sentido de idealismo, y también en él no sobrevivía sin6 en salvajP desnudez el sentido del lucro. La generación jóven que creció durante el ünce- nio recibió la atolondrada influencia de la época post Guerra Europea: el vacío del adiestramjentc depor- tista, el deslumbramiento de las funciones cinema- tográficas. Y la generación vieja ¿ cuando perdería la· educación de su~ tiempos tempranos? Los vientos del modernismo borraron su ética,si Ia tuvo .La men- te humana se había hecho arena. La mente huma- na se convirtió en esa época en un material incon- sistente. La nación peruana comenzó el Oncenio tod?. patriotería con Le guía, y lo terminó, todo de-_ rroUsmo con Leguía. ¿Quien no sabía que Leguía con su circulo cometía peculados? En Lima se sabe todo. Los rumores, los chismes circulan sin cesar, y si el silencio impuesto por la tiranía, y la mentira vertida en chorros, hu- biese mantenido á gran parte del público en ignoran- cia sobre los puntos graves de la administración pública, esos puntos han sido perdvnados por muchos cuando ya no se les ignoraba. Perdonar es imito ante la flaqueza humana, pero ¿donde está el limite en que la práctica del perdón no se con- funde con una completa impunidad y falta de san- ción? La reneración actual es sobre todo admiradora de la inteligencia y a los más de sus miembros hasta las I
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