El Oncenio de Leguía

- 30 - picardías les hacen gracia, con tal que no se sientan heridos por ellas en su propia persona. Desde luego, las incriminaciones mutuas entre los partidos poií- ticos no han servido para nada sino para enlodarse entre peruanos. Nuestro público tiene el mismo ocio- so placer en leer una crónica escandalosa al estilo del Abate Paria en "El Tiempo" contra el régimen ci- vilista 6 al estilo de Francisco Loayza en •'La Liber- tad" contra el régimen 1eguifsta, como tiene en asis- tir a una pelea de gailos 6 un match de box. Los detalles inacabables relacionados con los peculados cometidos por uno ú otro de los grupos politices son pasto sabroso para aquellos que adolecen gula de semejantPs potajes. Y despues de la pelea 6 despues del banquete se van los asistentes á su casa entusias- mados con los campeones que han visto 6 aficiona- do.s á las viandas yue han consumido. · Por eso rememorar las minuciosidades de una bochornosa administración ecónomica en el pasado, no es hacer obra higienizadora del a;mbiente público. Debería tocarse el tema de los peculados con el ú- nico propósito de señalar los daños causados por las infidencias adrnininistrativas y determinadas ines- crupulosid[;l.des adláteres, y con el único objeto de ilustra'r el criterio de la colectividad. Cuando no media, como tantas veces, en la crítica el estrecho interés de favorecer á tal 6 cual partido con detri- mento del otro, se reconoce filosóficamente que casi todos los individuos, de cualquier color partidarista . que fuesen, serian capaces de caer de uh mismo modo _en una misma tentación, tan luego como la ocasión se presentara y las condiciones de la inteligencia lo permitieran. Que el Perú ha ido persistentemente atras en su veq¡jadera condición económica, lo probará la histo- ria documentada de la administración pública, que no ha sabido sacar provecho para el país en· gene-

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