El Oncenio de Leguía
- 25 - todavía despues de dichas revelaciones con ardientes simpatirndores y admiradores prueba que él no di- foría en moraJidad de la moralidad general. El Perú ha podido hundirse bajo la conducción de Leguía en los abismos de la insolvencia y de la miserta porque ningún acto inescrupuloso 6 irn-sponsable chocaba contra una ~usteridad de conciencia en el público que lo contemplaba. Psicológicamente, la época de Leguía fué una época de adoración á una inteligencia huér- fana de influencias de sentimiento y principios de rectitud. Los triunfos de la astucia, el cinismo y la audacia eran aplaudidas por jóvenes_ y v:ejos; se di- simulaba los procederes de la desbonradez y la deshonestidad tan luego como daban resultados do- rados. Las críticas contra el gobierno se armaban de las viejas razones moralistas. pero ellas no signi- ficaban más que ataques partidaristas, sin respirar sinceridad ni interés en la rectitud que preconizaban. Leguía ha sido un gobernante más jesuitico que todos sus predecesores, sea por la peculiaridad d:! su inteligencia ó por el desastroso relajamiento de los frenos diciplinarios pecu1iar de la época en que actuó. Ninguno de los predecrsorES de Leguía estropeó la Com:titución del 1860 hasta el grado en que éste estropeó la Constitución del 1920 de su propia he- chura.. La historia de los peculados cometidos en el Perú a la sombra del gobi erno es una de-;de don Ma- nuel Pardo hasta don Augusto B. Legllía. Esa histo- ria tiene <los puntos culminante3, los del Guano y Sa- litre entre 1871 y 1875 y de los Empréstitos Ex~ tranjero5 entre 1919 y 1D30. Ha~ta el alabado presi- dente Pierola lleva la mancha del Contrato Dreyfus, y el régimen de 1895 á 1999 tiene la triste nota del Impuesto á la Sal, que perjudicó enormemente a los ganaderos indígenas. No fué la culpa de- Pierola que el dinero, producto d-=- aquel impuesto, c:i-ts- tinado al rescate de Tacna y Arica, tuviera má3 tar- de en manos de diversos ministros de hacienda un
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