El Oncenio de Leguía

- 24 - mansion~s de suntuosidad nunca vista anteriormen~ te. Los nuevos ricos mandaron traer la infinidad de automóviles de lujo que reoueriail · la construcción de las pistas de asfalto ó cemento que el Estado se brindó quizá con deniasiada proligidad á · pro- procionarles.· ¿ Y quién _era el E:;tad? en ese !iem: po sino Legufa. el enérgico mandatario que obhgó a los propietarios urbano~ á costear la pavimenta- ci6n y · canalización de las ciudades, tomándose él la fama de cuanto progreso se aicanzara. El auto- movilismo rural, que hizo cruzar de blancas vías de cemento muchas de las antes desoladas r-egio- nes provincianas, fué facilitado por la labor gra- tuita de los. conscri¡,toF viales, victimas de infini- dad de abusos. La Foundatión Companv tendía pistas hasta en sitios nunca tmficacios 1~ con el solo objeto de cobrar el kilori1etrajt>, tal como en la épo- ca de Pardo . se hizo el trazo del ferrocarril á Huacho en el terreno más imµropiado y con cien- tos de curvas, también con el propósito de t:>Xten- der la longui tud de la obra. · Cualquiera noción de ee;onomfa. politica, cual- quier sentido de responsabilidad administrativa y práctica de severidad controladora, faltaron en Le- guia como en sus predecesores. Y nuestro púbhco, tan desprovisto de las cualidades de previsión v ta- lento económico cor::10 nuestro~ gobernantes, decia al contemplar las ·'avenidas progreso' ', que éstas · costaban sin duda más de lo que debian, pero que habia que aplaudir el adelantr:• cueste lo que cueste. Nndie se procupó de que aquellas avenidas del pró- greso podrian proximamente vo! verse a venidas á la bancarrota. · Cansado seria detenerse en la historia de los pe- cu1frdos que se escribió inmediatamente despu6; de la caída de Leguía Pn !a prensa de 1a Capital. 81 hecho que el Presidente del On~enio ha ya contado

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