El Oncenio de Leguía
- 26 - triste fin .en tras·laciones de partidas dd Presu- puesto General de la República, pero es d4b1e dndar . del patriotismo de los ciudadanos destacados en los tiempos de Pierola, por no haber encontrado. aún pronto des pues .del desastre consiguiente á ]a Gue- rra del Paclfic.o, Uü medio mejor que un impuesto á la sal para ayudar en la recuperación de las Provin- cias Cautivas. La economía púb1ica siempre ha mar· chado mal, y para una raza como la nuestra, las épocas más siniestras han sido las de mayor abun- dancia de dinero, porque e]las nos han alejado de ·la virtud y el trabajo, y nos han lanzado en la orgía. En esta crítica rigurosamente sincera, inspirada en el deseo de que su ca.usticismo sen. curativo, se puede señalar, hablando de política internacional que los gobernantes del Perú procuraron siempre hacer aparecer como virtudes sus ddectos, pero qué en rea- lidad la acción de nosotr0s hacia el exteTior se carac- teriza en la mayoría d:; los c3sOs como débi1, y no co- mo generosa, según dice el vocablo usual. El Perú ja- más ha tenido fuerza política, ni sus gohernantes han podido salvar contingencias difíciles, porque el erario nacional siempre ha estado en atraso ó en cao~, y este mal crónico ha dependido, desde luego, no de la in- competencia especial de un solo régimen 6 de una soia generación sino de una particularidad de la raza o de la edad politica que ella tiene. Si lof: demócratas quie- ren exc~ptuar el régimen de Pierola de este juicio su~ maria puede replicarse que la excepción confírma la regla 6 q' 1a pobreza nacional en ]os años 1e 1895 á 99 hizo que aquella época fuera la más favorable pa- ra pcner en relieve el máximo de talento economico qu'e un criollo peruano pueda desarrcllar. ·En con tras- te, Leguía exhibe el máximo despilfarro de que nues- tra raza, megalómana é imprudente, es capaz.
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