El Oncenio de Leguía

14 de pensar y decir, 6 se disponen á pensar y decir." ¡¡Una formidable verdad.!! Las grandes oporfúnidades Leguía no fué un políticq popular cuando as- piró á Ja presidencia de la República para el P<;- - riodo de 1919 á 1924. Lo apoyaron como candi- dato determinarlos elementos sociales é ínte1ectua- les viendo en él ·un único opositor posible a! régi- men imperante. Se hallaban casi muertos todo~ los partidos de oposición que hubo en tiempos anterio- res; el demócrata con Piér0la, el liberal con Augus- to Durand, y el militarista ó constitucional con Cáceres. La juventud universitaria deliraba por la fede- ración y descentra]ización; el público estaba disgus- tado con la cuestión de la esfumación de los supe- ravits del Presupue5to originados por la prosperi- dad del Perú durante la GueT'fa Europea y ]a dis- puta sobre los Reintegros á los empleados del Es- tado que_no 5e abonaba. , Tiran fo el parangón entre Leguía y Piérola, dos gobernantes notables por su conocimiento del me~ dio nacional, aparece una diferencia entre ambos: la ·· gente quiso a Leguía tan luego como les dió al- go y quiso a Piérola antes de que les diera. La gran popularidad de Piérola nació con la bizarra aventura del Huáscar cuando éste sublevado, y lle- vando a bordo al caudillo, presentó combate a los dos buques de guerra británicos Jrent y Shannon, que pretendieron capturarlo en concepto de buque pirata. Son proezas y no cualidades sólidas minucio- samente pesadas las que seducen al pueblo. Leguía y_ us amigos se esmeraron en convertir en hazaña le famoso episodio del 29 de Mayo de 1909 en que realmente mas se lució la íneptitud de lo3 conspi""

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