El Oncenio de Leguía
- 13 - infelices que se agachan en un homenaje involuntaria- mente servil 6 voluntariamente adulador. Para que Leguia hubiera podido merecer el ca- lificativo de grande, sus móviles tendriar~ que haber si<lo nobles y su esfera de visión mayor que la en- cerrada en el radio del mercantilismo y de la lucha faccionista en que akanzó éxitos sin valor ulterior. La deificación del hom ')re, es decir la idolatría, ha sido condenada con razón por el cristianismo, que a pesar de ma1os curas y cabildos es para la huma- nidad una eterna fu ente de buen come jo. Se ha cintado himnos á Bolívar y Leguía. Esto es paga- no ó sea, propio de pueblo s primitivos. Ninguno de los bcmbres que han sido proclamados como gran- des, habrían podido realizar las hazañas, las crea- ciones, las reformas que los hicieron célebres, un a- ño, un mes, un dia antes de que las efectuaron. Los triunfos realizados por las celebridéldes politi- cas han dependido siempre de una evolución preli- minar realizada en la mente del público. Todo está listo en la predisµosición social cuando ~l preten• dido hombre excelso coge 1a oportunidad de actuar en el sentido que la épora determina. Así subió en España Primo de Rivera, en Italia Mussolini, y en su epoca Napoleón I. Unas veces surge un gue- rrero porque los pueblos adoran la guerra, otras veces surge un pacifista porgue los pueblos anhe, lan la paz. Bien viene aqui una palabra de J. Ortega y Gasset:"Jamás gozarán los espiritus selectos (o los verdadera.mente grandes) de aquella forma de pla- cer que en toda abundancia experímenta el hom- bre trivial: el placer <le ser llevado, sostenido, por el ambiente público." - Tal placer gozó, Leguía "El hombre trivial .1e- ne. la ventaja de coincidir siempre con· su derredor; o lo que piensa y dice es lo que los <lemas acaban
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