El Oncenio de Leguía

- 11 Napoleón I y III, iniciaré la jornada. Hasta pudo contar Leguía con cierto ambi~nte favorable á pre- tensiones monárquicas positivas, pues vari0:; nacio- nhles habian d;ido desde hace tiempo en arguir que el Perú entraría en más órden bajo un régimen que no fuera democrático. Contra esa última ilusión de una parte de los peruanos se habría erguido enton- ces la figura de Juan Leguía, principe heredero de la nueva dinastía. La más de las veces no ha habido grandes hombres sinó grandes oportunidades Hasta ahora, despues de la caída del Presiden- te Ü!!cenario, sostienen todavia muchos ánimos la . id_ea de que Leguía fué un gran hombre. Once años son suficientes para acostumbrar á un público á Ln gobernante y embeber los crite- rios en la leyenda creada por ia adulación desver- gonzada que los iacayos rinden al dispensador de suertes y fort ~nas. Inteligencja no se puede . negar á Leguía, pero inteligencia sola sin participación de relevantes cualidades morales, no hace un gran hombre. Por el calificativo grande se entiende una per- sonalidad que haya sabido cim~ntar bienes reales y duraderos en el medio en que actuara. Se ha escrito libros para demü"strar que Napo-- le6n I, ·washington, Bolivar. Uncoln y otros no fueron hombres grand~s, sino pequeños. Pero en medio de todos Washington y Bolivar iniciaron la vida independiente de la América que fué colonia europea, Lincoln y Castilla dejaron establecido el derecho del hombre á Ja libertad individual; .§is- marck, el diplomático positivista y cínico, cons- truyó una Alemania que supo sobrevivir como es~ u tado fuerte, el imperio de los Hohenzollern.

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