El Oncenio de Leguía

- 9 ra del gobierno se impuso, y ganó una tregua sobre la base de esperar posteriores desenvolvimientos. Sigilosamente seguía con persistente emµeño la labor de despatriacíón psicológica que · desde un principio hubo de practicarse, hien lo sabia Legufa, para hacer viable un arreglo chileno - peruano, que ninguno de sus predecesores babia podido lle, var á feliz término. El retrato de Leguía iba sustituyendo poco á poco el escudo peruano en los libros de escuela y en los órganos de !a prensa - es decir en aquellas dos arterias que nutren el alma de un pueblo. Entre las masas obreras dejó circular de intento las doctrinas socialistas que hacen creer, falsamente, que un vasto amor á la humanidad es algo supe- rior á un concreto amor á la patria, aún allá don- de la cultura está tan rudimentaria que toda via ni existe un sentimiento de amor que valga el nom- bre. José Carlos Maria tegui trabaja con autoriza- ción oculta <lel Gobierno, sembrando el comunis- mo en nuestras factorías y aldeas indígenas, eso si es- trechamente vigilado, para 'lue no se vaya demasia- do lejos para las conveniencias del Mandatario. Los prolf'tarios han recibido muchos alientos del flexible ~residente, pero, como es imposible contentar al total de las gen tes, solo están en reali- dad bien atendidos los miembros de las Directivas de las sociedades obreras mientras q' las mayoría'- i- nermes gimen bajo la tirania de sus congéneres q' go- zan de protección oficial. . La &.nimadversión hacia Chile atizada en épo- ~ cas con fines determinados, para ser puesta á un la- do cuando llegase la hora de la consumación de la Paz Suramericana exigida por Yanquílandia, jus- tifica ante el público todas las medidas de aspecto bélico, 6 de Defensa Nacional, que el Gobierno del Oncenio ideá en obsequio al objeto exclusivo de con-

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