El Oncenio de Leguía
-8- á la refacción de muchas iglesias para satisfacción del clero. Fué dadivoso con infinidad de ciudadanos y ciudadanas - no de su propio peculio, sino de la hasta cierta fecha inexhausta Caja Fiscal. En los Centenarios Nacionales de 1921 y 1924 dispensó hospitalidades regias. Todo iba de perlas. Todo el mundo le estaba agradecido; todo el mundo veia que la estacionaria Lima colonial se babia movido y transformado co- mo al impulso de una vara mágica, todo el mun- do / creía que los huéspedes extranjeros invitad0s á ]as suntuosas fiestas de Palacio estaban deslumbra- dos del. esplendor que veian. Todo iba de perlas - pero tenia ·que venir el colapso á continuación de tan preci pi Lado a vanee. Con los gastos ocasionados por los dos Centenarios se ha bia echado la puerta por la ventana - para na~ da, pues lo:; visitantes diplomáticos y reporteriles sabian muy bién lo que ha bia debajo del bamiz brillante que se exhibía. Luego, en 1925, vino el Laudo Arbitra 1 del Presidrnte Coolidge de los Estados Unidos, que no corroboró las espectativas que se ha.bia puesto en las promesas ele justicia mun- dial y wilsoniana .. Antes va, en 1923, el Maestro de la Juventud ha bia hecl,·0 sablear a ]os estudian- tes de 1a Universidad de San Marcos par su pro- testa contra la consagración del Perú al Corazón de Jesús. La decepción causada pqr el texto del Laudo no tomó µroporción conforme con el espíritu que durante cuarenta aü.os había animado a la Na- ción, por::-¡ ue e1 hábil Leguía ha bia iniciado con tiempo las propagandas necesarias para suprimir 1~ vitalidad de un patriotismo ingenuo que hubo persistidü en las masas sociales, bajo la superficie de una ostentosa pd.triotería. La Nación se resintió con motivo del Laudo, pero la voluntad aplacado-
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