El Oncenio de Leguía

-7- Leguía fortifica su candidatura lisonjeando so- carronamente la vanidad de los peruanos, al abo- gar por que el Perú se afilie á las naciones que una tras otra declaraban la guerra á Alemania, en pretendida alianza contra el mal rni8mo de la secular monstruosidad de las luchas armadas. Le- guía no entretiene la idea del César de que más va- le ser cabeza de ratón en provincias que cola de león en Roma. Si por él fuera, el Perú iría entre los pelos de la cola del león para espantarles las moscas á Estados Unidos de Norte América. El de- signio de atar la política peruana sumisamente á la de Washington, está ya formado. El ,_t de Ju- lio de 1918 es el nacimiento de la Patria Nueva, de esa patria á la cual solo le faltó arrear el bico- lor nacional é izar la bandera de las fajas y estre- llas para exteriorizar francamente su sujeción in- condicional y suicida á la hegem~nia yanqui. El gobierno de In ilusión y desilusión maximn Si siempre los presidentes del Perú han entra- do al gobierno aureolados con los fulgores de una gran ilusión pública y siempre han salido batidos por los latigazos de Ja desilusión popular, á Leguía le ha sucedido eso en un grado inusitado. Envalentonado por los entusiasmos de las ma- sas humanas europeas que creyeron haber escaladc, soberbias alturas morales con el triunfo sobre los Imperios Centrales, el Presidente de la Patria Nue- va ofreció al país, empeñando su cabeza, la restitu- ción de Tacna Arica y Tarapacá. Ofreció también la descentrálización que los federalistas universita- rios V no universitarios habían puesto á la orden del día. Leguía estuvo con los obreros y con los inc9í- genas, fué proclamado MaP-stro de la Juventud; fué -:...; masón para encanto de los liberales y contribuyó

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