El Oncenio de Leguía

-6 ciales se babia hecho en muchas partes hueca .y abollada por las ironías de la incredulidad pJpular y académica; la cuestión con Chile daba luga_r más bien á exhibiciones de pat,riotería que de smcero patriotismo, y servía más bien á los eternos partida- ristas para hacer plataforma, que al verdadero pe- ruanismo para defender tradiciones de altivez con- sagrarlas durante cuarenta años. Leguía, espíritu perspicaz y burlón, miró a- quella descomposición oculta bajo una superficie que conservaba la apariencia de no variar; analizó todos los puntos vulnerables del antiguo edificio que pensó derribar y ofreció la Patria Nueva, se- guro de que esta seria aceptada con ansia por las multitudes desprovistas de firmes arraigos en prin- cipios de deber, lealtad y amor á los lares. Derri- bar instituciones democráticas carcomidas por la corrupción,- cual por una polilla que entra en mue- bles añejos de substancia Jigera, no hubo de ser di- . fícil. Atacar categorías que habían perdiqo á los ojos del p(!blico el respeto que en otra hora las rodeara, hubo de prometer fácil éxito. Pero Leguía no es un gran hombre, no es un luchador que se ha propuesto desterrar la corrup- ción y detener la decadencia moral ad vertible en la Repúblic_a: él tan solo tira sus planes para a- provechar hábilmente aquellas condiciones <lesas~ trosas. Leguía impugna el derroche realizado durante el periodo de José .Pardo,periodc de excepcional pros- peridad para el Perú, usando el escándalo de la de- saparición de ]os Superats del · Presupuesto v la cuestión de los Reintegros como palanca en 1a cam- p_aña eleccionaria que lleva c.ontra el último pre- s~~ente de cuatrenio que hemos tenido. La histo- ria de los derroches habidos · en el Oncenio de 1919 á 1.9:JO prµeba que no hubo fibra moral en tal campaña. ·

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