El Oncenio de Leguía

f'· - 97 - -Lo que para los gobernantes de hoy es casi im- practicable, devolvtr al país un régimen de integri- dad, para Leguía no habría sido imposible, porque el mal no estaba entonces todavía tan avanzado. Leguía no dió ejemplo de rectitud, no señaló rum- bos que condujeran á una regeneración. En Legufa' se ha visto en espejo la generación con- temporánea con sus vanas ilusiones y sus vacíos morales. Una generación, la que vivi6 durante el Oncenio, que. quiso ir contra la ley del mundo que manda comprar un triunfo con un sacrificio y un goce con un dolor. Leguía y su generación re - chazaban el dolor y el sacrificio. Indigno fué el con- cepto que inspiró la política exterior de Leguía,. de colocar al Perú bajo el ala protector de una Potencia, para d·e ahí hacer fieros á las vecinas suramericanas, pues nh;.gún pueblo debe descansar sino en su propia fuerza 6 dejar de usar la dis- creción · adecuada á su propia debilidad. Pero debe reconocerse que la Nación no podría haber sufrido todo el daño que se le inflingió durante el Once- nio sin que á ella misma le tocara buena parte de la responsabilidad consiguiente. Leguía era na- da más que un solo hombre-¿y donde estaban los demás hombres? ¿ donde la mayoría que debiera haberle salido al encuentro cuando le vieron tra- mar proyectos de lesa patria, 6 lesa sociedad 6 lesa humanidad? Leguía, ese tipo trivial de que habla Ortega y Gasset en el pasa je trascrito en página anterior, o- bra en todo al compas con · tos gustos triviales de la colectividad, desprovista aun de .experiencia su- ficiente y de cultura refinada. ¿Que. culpa tendría Leguía de que careciera de seQtido de medida y de intuición salvadora? Su mentalidad sería quizá un fenómeno lógicam?nte producido por las .circunstancias.

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