El Oncenio de Leguía

- 96 - mo. Dificilmente logrará cualquier crítico penetrar en una psisología ajena y colocarse en el foco de las circunstancias de las cuales irradia una otra per- sonalidad. El deseo de ser justo inducirá á procurar penetrar en el fuero interno de Leguía, y absol- verlo de muchos reproches, formulados á impulsos de malas pasiones, aunque condenandolo sin reser- vas en calidad de funcionario funesto. ¡Justicia! ¡oh invocación sagrada para el capitu- lo final de un libro de crítica! Psicológicamente estudiado, Legufa aparece como un perfecto escéptico y un espíritu burlón que se dedica á engañar á una humanidad que despre- cia, buscando consuelo solamente en aquello en que encuentra placer el avaro: en el crecer de· sus mon- tones de oro. En una psiquis como la de Leguía se descubre el instinto moral que jamás aban- dona del todo al ser humano, reducido á la mo- dalidad de una sorda decepción por haber ha- llado á sus prójimos en un grado superlativo de decadencia. Efectivamente Leguía no destruyó las instituciones legales de la República. como las Juntas Departamentalts, los Municipios, las Cortes Judiciales, las Cámaras Legislativas, los bancos, etc. etc, sino que ellas ya se habían destruído ellas mismas carcomiendose á fuerza de corrupción. Lo único de que se puede tachar á Legufa es el no haber inttntado reedificar con algunos elementos selectns aquellas construcciones dPsmoronadas, en lugar de formar con los desmontec; un pedestal en donde exhibir su ambición personal. A Leguía le fa}to fé, caracter, altruismo y bon- dad para concebir la idea de preservar á sus com- patriotas del desastre hacia el cual se precipitaban pÓí el despeñadero de los errores y poner a flote a a su patria sobre las aguas pútrida.s de la corrup- ción en que se había atracado.

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