El Oncenio de Leguía

o ,- 94 - á, las mujeres expeditas en soploneria; á los uni- versitarios sin amor á las ciencias; · á las masas doctas en adulación y endiosamiento del Jefe del Estado;y á todas las clases sin excepción, una pro- fesión de fé en un metalismo desnudo de princi- pios de honor, deber y responsabilidad. Dejo sembrada en toda la América del Sur un panamericanismo servil á Yanquilandia. Dejo dos espinas que se ·Jlaman Arica y Leticia. Dejo las-bahías del Calla~ y Talara á .las extran - jeros. Dejo á la posteridad inmediata una casi im- posibilidad de arreglar los conflictos que yo he originado. No debo acordarme del mal que algunos de mis conciudadanos me hayan hecho, á ffn de que no sea recordado el mal que he perpetrado yo. Amén. Justicia Personalizar es ciertamente injusto en un caso en que la culpa de un mal es de todos. Un libro censurando duramente á Leguía puede parecer 6 ser en verdad ' injusto. Recon6zcase sin embargo que en el presente trabajo crítico no campea un espíritu de odio contra Leguía, sino que la única y exclusiva tésis sostenida es que Leguía no fué un hombre grande, ni un gobernante grande, ni su época una época grande para el pueblo perua - no. Si la mayoría nacional hubiese cotizado á Leguía en lo que valía, siquiera despues de la caída de su ré- gimen no habría porque escribir éste libro. Todos los defectos de Leguía podrían haber sido excusados y perConados, con tal que se le hubiese calificado de tan pecador y desgraciado como multitun de otros gobernantes-pero, elevarlo á la categoría de pró-

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