El Oncenio de Leguía

- 93 rrafos del documento á los ascendientes, dechados de virtud y los descenditntes objetos de la ternura del ex-presidente, son aptos para causar emocio- nes piadosísimas en los lectores, pero no bastan para hacer olvidar que la tamilia de Leguía, con excPpcíón de determinados miembros de reputación intachable, no dió pruebas ni de buena E.ducación ni de cabal cristianismo. El testamento de Leguía que se ha dado á co- nocer al público no cabe duda que es obra de un Impenitente. Si el autor, al redactarlo, hubiese pensado en Dios y no en el m11ndo, el texto habría corrido quizá así: Hasta e] 24 de Agoc;to de 1930 tuve yo en unión de mis hijos una fortuna de ingentes millones ad- quiridos ó multiplicados desmernradamente durante el Oncenio pasado. Dejo á la colectividad peruana un fardo inmenso de deudas, que pesará sobre ella hasta la quinta generación. Dejo casi todas las rentas nacionales embargadas por los acreedores extranjeros, y mis sucesores tendran que ver de donde sacar el dinero indis- pensable para satisfacer los gastos de ]a adminis- tración pública y del derroche de aquellos nue- vos ricos á quienes yo he acostumbrado á una vida presuntuosa fuera de toda prvporci6n con los recursos verdaderos del país. Dejo una infinidad de contribuciones onerosas que be t ,enifo que imponer por haber dispuesto de las rentas mayores de la Nación. Dejo los intereses creados, los privilegios y los monopolios que han crecido bajo mi patrocinio á pesar de la Constitución que sancioné el 18 de Enero de 1920. Dejo á los Obreros alucinados con el fa vo itis- mo po1ítico y desaficionados al trabajo honesto;

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