El indígena y su derecho
-7- te el arrancamiento de sus raíces del suelo en que germinó. El in- dio arrancado de su heredad, se marchitaría y moriría como un árbol trasplantado a destiempo por un horticultor sin pericia. Lo que para el árbol fueran como causas fatales: el terreno nuevo, el sol y el viento pujando contra iU tronco sin raíces, serían para el indio la vida de paria y la inclemencia de los contratistas de bra.. ceros. Acabar de matar :on intención deliber~da, la ya bastante es- tropeada institución comunera aborigen, ~ería sencillamente, ma- tar a la raza autóctona de la patria peruana ¿y podría cualquie- ra de los poderes públicos del Estado Peruano asumir la respo~1- sabilidad de tal acto, sin cubrirse de oprobio? Afanosa me siento, en mi calidad de antigua defensora de la raza indígena, de disipar la obsesión que pesa sobre la academia jurídica limeña, dando origen a errore~ que amenazan ser fa tales para la Nación. ., Valga la verdad que los juristas de Lima adolecen de una psi- cología romana, y ni siquiera española, pues, conforme a la bien fundamentada enseñanza de Spengler, el derecho español enrique- cido por elementos del derecho árabe, desdice ya de la fé fanática en la infalibilidad del derecho romano. Las refutaciones a la tésis de Spengler que han sido intenta-,, das en diversas ocasiones mo son convincentes, algunas por su du- dosa sinceridad y tendencio~idad evidente, y otras por su escasa profundidad filosófica. Oyese decir por eje~plo: «prevalece actualmente la idea ti.e que convendría deshacer el sistema comunero para insertar mejor a la población indígena en el mecanismo político de la República.» He ahí el sentido de la conveniencia que anima al legislador limeño: sería tan cómodo poder tomar al indígena como un indi- viduo suelto, como un ligero peón en el tablero del ajedréz; colo- carlo aquí y allá para ayudar a los reyes del latifundismo y los alfiles de la Iglesia; y tenerlo sujeto al orden rutinario de la juris- prudencia latina_ . La masa compacta de los indíge:Bas no deja de ser fastidiosa par~ ~l. Es~~do. El E~tad~ quiere progresar según las reglas de lfl: ~ivll1&.c1011. europea, y mientras ta.nto, el indígena con sus tra- d1c1ones propias; con sus derechns excepcionales, respetados to- davía a mérito de un resíduo ele rectitud conservado en el fondo de las conciencias deterioradas; con su tenacidad y su dignidad de viejo pueblo culto; y, fürnlmente, con su corrupción y dii!ociación
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