El indígena y su derecho

-41- ser guiada hacia una ,altrira moral igual a la elevación de la cres- ta de los Andes, en lugar de ser precipitada desde lo alto a destro- zarse en las vertientes orientales de su cordillera nativa? ¡Poderes del Estado y todos vos que sois hombres conscientes del Perú, pensad lo que vais a hacer! Estais al borde de cometer un fratricidio, condenando a la muerte civil a grandes mayorías de peruanos legítimos, inconscientes e inermes a quienes todavía no habeis vestido con las prendas de la civilización,. Vais a apos- tar sobre el tnpete del juego a una cantidad de esclavos, entrega- bles como bestias de carga a los colonos explotadores y reduciros a vosotrns mismos a mendigos, perdiendo la apuesta contra las otras naciones. Pties ¿qué tesoros os quedarán al cabo, cuando hayais jugrido el banc >y el hombre de que hab16 Raymondi? Ireis insolventes, entre los pueblos de la Tierra, ocultando vuestra ca- lidad de peruanos, porque de vuestra raza ya no habrá fuerzas que sacar. Si os dierais cuenta de la realidad no os contentaríais como ahora con el hueco simulacro de las fórmulas. i Reacciona generación criol1a y dignifícate o el castigo de Dios o la venganza automática del Destino te hará devolver los aspa- vientos que echabas sobre los asiáticos, sobre chinos,judíos, japo- neses e hindús. Está en e;-;:tc preciso momento en el pode1· de vosotros, perua- nos de todas las clase~, impedbi: que la historia de la India y de Esparta, de siglos antes de la Era Cristiana, se escriba de nuevo a través de centurias llenas de sufrimiento y oprobio. ¡Peruanos de la Costa, peruanos de Loreto y Chancham~yo, peruanos de la Sierra, amad algo más grande que el oro yanqui! La gran República de Norte América no es sino el ídolo de oro con pies de barro de que hablaelApocéllipsis. Eldíaquesedirijaunata- que a los pies a los cimientos de la Nación Yanqui, el prestigio de ésta se caerá al suelo. Porque la nación yanqui es de población me- nos autóctona que la República Peruana y el resto de las repúbli- cas de Sur y Centro América, desde luego el patriotismo que la defiende es tan débil como el criollo. · ' . Bien siente esto la Cancillería de W ás~ington ' y por esto teme la guerra y es pacifista. El pacto Ke11ogg no es obra de Amor a la Paz sino d~Miedo a la Guerra . El gobierno norte america1~10 sabe que en una guerra con el Japón o cualquier pueblo de raza autóc- tona, el hombre de oro no pelearía y los pies de barro pronto se- rían deshechos. Es la diplomacia de Estados Unidos, y solo la diplomacia de

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