El indígena y su derecho
-3~- York. La Reforma del Código Civil ka sido decretada en 1922, simultaneamente con el acontecimiento del Protocolo del Arbi- traje norte-americano en la cuestión de Tacna y Arica. En dicho año la política estadunidense ~omenzó definitivamente a acercár- senos y el yanqui pensó sin duda no solo en nuestras maravillo- sas riquezas minerales y vegetales, sino en nuestros hombres de trab:¡tjo. Tiempo ha los técnicc>s yankis habfon estudiado las po- sibilidades de nuestro territorio mil veces mejor que nosotros mis- mos; las habían estudiado con su peculiar exactitud de cálculo, bajo sus diversos aspectos. . Los ajedrecista~ comerciales de Wall Street hacían aparecer sobre sus pbrnos de ingenierÍr1 al indígena hndino como un peón listo para ser movido para aquí, acá y acullá, segr.ln las necesida- des de sus negocios. El peÓ1 1 indígena, la «cosa)) del Derecho Ro- mano, no tenía para el empresario yanqui otra significacion que servirle en su juego El indígena no tenía para el extranjero de los magnos proyectos indnstriales la condición de un ser humano con derechos, con hogar, con una salud que podía afectarse de cambios insólitos de clima, c;on una patria sur-americana-no, el indígena era una cosa supeditada a la conveniencia y los propósi- tos de ]os Estados Unidos de Améric;:1. Y el Consejo de los iHgcnieros y exploradores al servicio de los comerciantes de W all Street. llegó a través de la cancillería de Wáshington a la cancillería ele Lima, y aquí no produjo ningún choque en la mentalidad imperi~ilista de los funcionarios c»iollos. A estos funcionarios no se les había ocurrido antes la liquidación del Derecho Indígena que el extranjero le suge1·iría, pero por indo- lencia habitual o, peor, por su antipatía al indio, la proposición no les pareció inadrüisib1e. ·El ind1ge:ia hab ' a de ser el ejecutante de la vialidad pan-ameri_cnna, <les tinada a inflar hasta lo impon- derable los candales de \Vall - t 1\~ct y 'dé'j ~l r a los parias e ilotas nativos bajo las ruedas del Carro del Progr ·so. Otra pregunta: ¿de donde la inquina contra el inmigrante asiático? ¿de donde el prejuicio invett~,r~do crmtra las razas china y japone~a que podrían llevar el mejor aporte de población traba- jadora a las soledades de nuestra región fluvial. Esteprejuicio lo han engendrado los criollos y no los yanquis, pero la diplomacia estadunidense lo fomenta, porque no podría consentir que chinos y japoneses prestasen a la América de Colür un poder capaz de illdependiwrl:1 de la América Bhmca. Además, ni chinos, nij~poneses trabajarÍaR aquí en la condi·
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