El indígena y su derecho

34- ción de ilotas y oarias, y las obras proyectadas en Wall Street saldrían más baratas con indígenas peruanos. ¡Criollos! es a intere ;:es tan hostiles a la dignidad de vuestra nación y vuestro Contillente que prestais el concurso de vuestros errores de concepto! Haceis el papel del incauto pajarillo que se precipita hipnotizado en la boca de la serpiente que ansía devo- rarlo. En los Estados Unidos el Derecho Romano está siendo altera- do y modificado en bien de la raza blanca, pero conserva la pleni- tud de su espíritu para las razas de color. Según la ley yanqui el hombre de color no puede ser ciudadano estadunidense luego, hay ahora la misma diferencia entre un americano no estaduni- dense o canadiense, que en la antigüedad entre un romano y un poblano fuera de la Metrópoli. Para merecer respeto de parte de la nación de los Estados Unidos de Norte América, es preciso na- cionalizar~e yanqui; todas las demás naciones del Continente me- recen desprecio a los yanquis, y los ciudadanos de ellas no llegan a ser personas completas en el concepto del :HermanoMayor, has- ta que nose cobijen b ajo las Fajas y Estrellas, con certificado de ser blancos-si no logran borrar la tacha del color serán enrola- dos en la servidumbre. La dominación moral de la Gran l\epública sobre las demás repúblicas americnna~, durará mientras dure e:1 estns últimas la doctrina del Código Romano. Doctrina que eleva a un peruano en su :i'ropio concepto sobre otro perua1.10, cuando aquel lleva la pseudo-ventaja de unas gotas de sangre blanca. Siendo el elemen- to de raza blanca la norma con que se mide el valor de 19s hom- bres, el criollo quedará por supuesto, conforme a la regla que él mismo e aplica, siempre inferior al hombre de raza blanca pura, y condena desde luego, a su propia persona y a su estirpe entera, a una condición de inferioridad perpetua, por él reconocida, respec- to a los europeos y yanquis. Bajo la teoría criolla, el Perú y to- das las demás repúblicas g nbernadas por criollos, . no podrán ad- quirir nunca una mayor imºp'itrtancia que la de jerarquías de se- gundo orden. Libres de una autosugestiórr tan degradante están l~ verda- deras razas indígenas, no solo la peruana conservada todavía in. contaminada en los reservorios de la ignorancia, sino también las razas asiáticas que resurgen hoy con la pujanza triunfal que de- muestran los japoneses, chinos y judíos, y no tardarán en patenti. zar también los hindús.

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