El indígena y su derecho

-27- ¡Sí! en medio de su miseria y de sus harapos, el indígena pe- ruano conserva todavía la dignidad del hombre que es dueño de un pedazo de tierra que le dá el sustento más indispensable, y por eso puede infundir quizá envidia al proletario de la co~ta, que no tiene nada. Y con la bajeza de sentimientos que en las grandes masas populares ninguna tranquila y razonadora culturaci ón ha radicado todavía, el costeño experimentaría quizá placer si.pu- diese· convertir al indígena en un proletario más miserable que él. Y de este modo, el comunismo proletario vendría a sumarse a la obra conquistadora con que el capitalismo moderno amenaza lle- var a una consumación fatal el atentado no .del todo consumado, que realizaron los conquistadores aventureros de la estirpe de Pi- zarro. El propietario criollo, humilde bajo el taco del déspota y dés- pota a su vez con cualquiera más débil que él, ayudaría en hundir al indio, enfrentándosele, a pesar de ser de la clase trabajador:a y oprimida, con la amen:;¡,za de la ¡¡conquista comunista!! Cuando el interés por asuntos indígenas, como el demostrado por el «Boletin Titikaka» con su encuesta, pasa de ser un mero de- porté, bien puede ser una investigación encaminada a ir matando derechos comuneros con los varios resortes de que ~e sirven los cazadores para coger zorros o liebres. . . Francamente, d~sconfÍ9) mucho de que el actual _movimie11to indigenista sea favorable a la mayoría de la Raza, salvo que sea a pesar de los autores de él. . Si en el curso del presente tratado me he manifestado •conse. cuente y rotundamente pesimista en cuanto a la posibilidad de que el precepto establecido en el Anteproyecto de Reforma del Có- digo Civil Peruano para la liquidación del régimen comunero in- dígena pueda conducir a una repartición j'usticiera del patrimonio de la Raza entre la totalidad de ella, incluyendo al indio desvali- do como al gamonal-si me-he manifestado de un modo absoluto pesimista en eso, desafío a cual quiera a r efutar con argt;t_mentos sociológicos o documentados el concen.to que he sostenido y sos- tengo a cerca de la moraliqad del pr~rnedio de los hombres. Mo- ralmente, los proletarios no valen más que los capitalistas, ni -los comunis'i:as más que los imperialistas. Condenado que fuera algún día el régimen imperialista o capitalista por sus prt)pios ~xcesos, y llegada la hora de una reacción comunista, el comunismo no podría apuntar a ningún estado más radical del que existe con- torneado ya en las instituciones indígenas. No olvjdemos que

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