El indígena y su derecho

-23 =- ciente con la persona jurídica colectiva y no singular. Desde lue- ,go es completamente anti-moderna e inaceptable la razón que alega el Reformador en e~ Anteproyecto del Nuevo Código Civil Peruano, diciendo que sería urgente «convertir al indígena comu- nero de hoy en el propietario particular de mañana como único medio de elevarlo a la categoría 'de persona suijuris, y elemento consciente y eficaz de nuestra nacionalidad». La insignificancia absoluta del indiYiduo aislado en un siste- ma político constituído a la manera de los de ahora, ha hecho que en todas partes tanto los hombres como las mujeres se hayan agrupado, formando cuerpos militantes o reclamantes en favor de intereses egoistas o altruistas aquellos los de los empleados, obreros, militares, periodistas, rotarios, industriales, propieta- rios, veteranos, médic í1s, ingenieros, choferes, etc., y etc.; éstos los representantes de obras verdaderamente o pretendidamente filan- trópicas, como de las sociedades caritativa!S, religiosas, sufragis- tas, pacifistas, moralizadoras, etc., etc. No es otra, en la actualidad, al cabo de los tiempos, que una de tales asociaciones defensivas, la comunidad i!ldígena que, de ser destruída, y de sobrevivir a semejante desastre la raza indígena, tendría que ser reemplazada por un nuevo modo de asociación, por cierto menos eficaz que la institución legendaria y venerable propia del Perú, como ha susedido ya en el caso, por ejemplo, de las asociaciones de yanacones en la Costa, batidas a veces san- grientemente por el capitalismo. Enfáticamente puede afirmarse que no es la forma · com~nera de vida política la causa que impide a la raza indígena con- vertirse en elemento consciente y eficaz de nuestra nacionalidad, sino que 19 es aquella otra de que el capitolinismo ha sitiado a la Raza per~istentemente cortándole todo acarreo de recursos mora- les y materiales indispensables para el desarrollo normal de cual- quiera población. El individualismo que preconiza el Reformador · del Código acentua en los hombres incultos el egoJ.Stno, el peor defecto funes - to para el bienestar general de los cuerpos destinados a prosperar por una cioperación armónica. Si incultos son en su mayoría lqs civilizados de hoy día, cuanto más no lo habrán de ser los in- civilizados, entre los que cuentan grandes masas ind1genas, en las cuales nadie se ha preocupado de desenvolver las predisposiciones superiores inherentes en todo ser humano.

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