El indígena y su derecho
-13- terés como debiera ser, con el núcleo de tres millones de indígenas, base étnica de la nacion peruana, trataría de revivir el derecho au- téntico peruano, y por extensión original de nuestro Continente. ¿Sería acaso el derecho peruano, incaico y pre-incaico, dentro de nuestra época más anacrónico que el roma no o más primitivo que el de los diversos pueblos europeos? No; tal vez que el dere- cho peruano, de índole colectivista, responda más que el romano, de índole individualista, al espíritu democrático y socializador de estos tiempos post-guerra-europea, y que el comunerismo indí- gena resplandezca al fin de cuentas en la evolución social contem- poránea como un avance ganado sin move1·se en el sitio de donde los demás partieron y a donde se tiene que regresar. El Homestead ·Después de tnnto romanismo, el Reformador del Código Civil Peruano nos sale al último con la proposición del homestead, ins- titución sajona, como su nombre lo indica, y tomada directamen,. te de Yanquilandia. Ahora sí que ya no hay razonamientos cesá- reos, sino hooverianos. Si la Comisión Reformadora había de condescender a quebran- tar la unidad del orígen romano en el Código nacional ¿porqué no halló preferible adoptar instituciones del antiguo derecho perua- no, en lugar de ihgertar >tquí instituciones de la América del Norte? El Dr. Calle dice (pág. 774): «El convencimiento profunda.que tengo de que la regenen1ción del indio y su civilización dependen no solo de su instrucción, sino principalmente del desarrollo de aquellas é1ctividades que estimulan lo que podría llamar.se el sen- timiento de la propiedad, me ha ivducido a prop oner el p rocedi- miento que debe seguirse para con1rertir al indígena comunero de hoy en el propietario particular de m:::ñana». · Creo que el Dr. Calle se engaña llamando un «convencimiento profundo» lo que no pasa, posiblemente de ser una suposición aca- riciada por el intelecto de un hombre que.:i no por ocupar en · Lima la categoría de un gran jurisconsulto, tleba clasificarse como espe- cialista en materia indigenista. Ningún ~xperimento de regeneración de la raza indígena tendrá ' otros qne efectos contraproducentes, mientras en Lima perdure el espíritu romano, o sea, el espíritu que mira a los elementos po- bladores fuera de la Ciudad como peones destinados a hace1· ga- .-nar el juego al rey y su corte. 1
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