Zarela : una novela feminista

ZARE LA 79 sa la criada, de eando íntimamente v~rse li- bre cuanto antes de la iracunda Hermen- garda. ~sta, haciendo una 8eñal imperativa con la. die~tra la dij o; -Bien, vé a reanudar tus ocupaciones. Hermengarda dirigióse a la salita de dia- rio en la que Soledad con. armoniosa voz cant(;I. ba en el piano romanza sentimental. Un extr~ño presentimiento, acaso la tris- teza de aquella tarde brumosa, la hicieron e- legir esa música. El canto tierno, pastoso, de una melan- colía dulcísima, que ponía en transparencia la: delicadeza de ' U espíritu, esparcíase en no- tas puras i cristalinas, llenando la estancia de infinitas melodías. Un ¡ay¡, el ruido estrindente del cerrar- se una puerta, a la vez que el sonido con- fuso de varias notas del piano, interrumpie- ron súbitamente aquel canto. . Soledad había exalado una exclamación de sorpresa al escuchar el estrépito de la puerta que Hermengarda, al hallarse dentro de la habjtación, cerró tras sí con violencia. Pálida, nerviosa deiando caer el album de música sobre el teclado, Soledad se puso en pie, viend0 llegar hasta ella a la tía ce- ñuda i con el semblante alterado.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx