Zarela : una novela feminista

ZARE LA 69 Aprovechando el dominio que ejercía en HermengardR, Simón, con refinada astucia, e- liminó a Eduardo de aquella casa. -¿Cómo e po:-'iblP amiga, -la dijo - que siendo nosotro~ per.'nnas sensatas i de bien, veamos impa ' Íble.s los amores de estos locue- los, cuando el pobre Eduardo apenas cuenta c011 unos cuantos céntimos de entrada? I así tener la audacia de pretender formar hogar, para hticer de 1a desdichada Soledad su es- clav ct cnn nombre rle esposa. E:te e uno de lo., crímenes que, por ser social, queda impune i nos hemos acostum- brado a contemplar tranquilos; pero las per_ sorras noble i de corazón debemos reaccio- nar i evitarlos siempre que estén a nuestro alcance. -E la verdad amigo mío-respondió Hermengarda alarmada - ha sido un descuido el mío; pero por felicidad aún es tiempo. E, un desatino el de este joven que sin con- tar con recursos suficientes para atender a sus propios gastos pretenda a Soledad; pero que quiere u~ted, esta es la juventud de aho- ra, muchas aspiraciones, grandes audacias i los bolsillos repleto~ de deudas. La conse- cuencia de tales enlaces es fatalmente funes- ta, resultando el hogar un suplicio i la muJer i los hijos las víctimas.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx