Zarela : una novela feminista
ZARELA 61 En un trasporte de júbilo, Hermengarda poniendo los ojos en blanco, exclamó: «¡Cuán- do Dios da, da a mHnos llenas!» Cnmpensa- dos están de sobra, ajetreos i molestias. * * El señor Tassara presenciaba las tertu- lias solo cuando eran éstas de etiqueta; pasan- do las noehes casi siempre fuerá del hogar con algunos amigos i en el club. A vece~, co- mo despertando de un sopor, recordaba que sus hijas estaban crecidas i que tenía el de- ber de velar por su porvenir; solo entonues hacía atinadas indicaciones a su hermana, pe- ro las hacía con aquel descuido i falta de e- nergía del que tiene absoluta confianza en la persona que ha declinado su responsabili- dad. Hermengarda con su aire de dominio que se le antojaba distinguido, aducía razones convincentes i tranquilizadoras. La gente que frecuentaba la casa toda e- ra sel Acta i d Ü:;ti nguida; por otra parte, ella tan suspicaz e inteligente i las muchachas su- misas i perspicaces. El señor Tassara movía indeciso la ca_ beza i volvía a quedar en su fatal índole n- c1a.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx