Zarela : una novela feminista

60 LEONOR E.DE MENÉNDEZ «¡Oh mi amada, flor risueña de mis tar- díos inviernos, ven a calmar estos inconmen- surables anhelos!. ........ » ¡Ah,! si el amor le regenerara quitándo- le esos resabios-decía suspirando Hermen- garda-¡Si nos fuera dable vivir de bellas frases i alimentarnos de rimas i estrofas;! pero esta maldita materialidad que se impo ne, estas prosas de la vida .........En fin, es peremos algo más, que Dios dirá. Llegó la noche en que d espu és de una tertulia dejó Hermengarda de entregarse a sus acostumbrados ·í dolientes monólogo . Palpitante de gozo había escuchado la decla- ración amorosa, de Simón del Valle que, . aun- que .afamado tenorio s olterón , ofrecía algu- nas ventajas i condiciones como buen parti- do matrimonial. El gozo de Hermengarda fué completo al notar que Eduardo Meza i Ruperto Sal- dívar, jovenes apuestos i de buena posesión social, se declaraban como aspirantes a la mano de Soledad i Margarita. Tres novia z- gos en p er sp ect iva, era el co lm0 d'3 la di- cha, era uno de los raros milagros del siglo, en aquella época de crisis matrimonial. ¡Có- mo las envidiaría Paquita Montufar que se pirraba por acomodar a los bagresitos de sus hijas!

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