Zarela : una novela feminista
40 LEONOR E. D E ME ÉTDEZ tan poca cosa, lo principal era que hubiese pasado del . hogar aquella racha de padeci- mientos. En cambio entre Raimundo I Soledad surgían constantes i violentas escenas a con- secuencia de la pérdida de su hija i el tedio i aburrimiento se instalaron en el triste ho- gar. Soledad murió después de pocos años de matrimonio al dar a luz a su tercera hija. El viu~o llamó a su hermana para que cuidase de las huérfanas. Hermengarda, feliz i satisfecha, tomó a cargo el gobierno de la casa i se ocupó de la primera educación de las pequeñas. Des- graciadamente, careciendo ella de las condi- ciones que requiere la inapreciable maestra que con nombre de madre siembra las prime- ras mieses. en el infantil corazón, no pudo hacer nada en provecho espiritual de las huérfanas. Años mas tarde fueron colocadas en un colegio Soledad i Margarita Tassara; mas co- mo para la tía la instrucción de la mujer no tenía objeto, esta llegó a ser mera fórmu- la. Un poco de Urbanidad que prestase el distintivo de señorita instruida, para que con aire elegante supiese correspondtr un saludo i hacer graciosa venia al llegar al salón i en
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