Zarela : una novela feminista

30 LEONOR E. DE MENÉNDEZ mano delante de los ojos, jnterceptando lo~ rayos solares para distinguir con mayor cla- ridad, vió sorprendida salir de un recodo del camino un coche en el que la pareja toma- ba cómodo asiento. Comprendiendo, Pepa, su desventaja en la persecución emprendió rápida carrera; al mismo tiempo las fugitivas, dándose cuenta de la intencjón de la mujer, hicieron fustigar los caballos del coche. -Pronto éste, envuelto en niebla de polvo> decreció a los ojos de Pe- pa, luego apareció en la penumbra del eamino cual pájaro oscuro rozando travieso la fron da. Descorazonada, rendida de cansancio i bañada en: sudor dejóse caer la perseguidora en la vera del camino, Pasado un buen rato, emprendió Pepa el regreso a su hogar, rabiando de sí i de las fugitivas. -Madre, las plumas eran de alto vuelo, no lo hemos sabido hacer - dijo la joven en tanto que con viniendo en abanico su gran sombrero de paja se echaba aire al rostro pa- ra mitigar el calor ocasionado por la forzada marcha. - ;,Qué ha pasado?, explícate con calma muJer. - Q1rn Lis muy tunas tenían oculto en

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