Zarela : una novela feminista

ZARE LA ñoras son así; por satjsfacer un capricho son capaces de no comer. Hasta la vista comadres, pronto las es- pero. -Hasta pronto doña Rosalía, que Dios las lleve con bien. Las mujeres después de dar un beso muy sonoro a la niña como despedida, salie- ron hasta la puerta acompañando respetuosa i cortesrnente a sus visitas. Cuando estuvieron solas, la madre dijo a su hija: - Mira Pepa, sigue la pista a esas taimadas, tenemos buen filón que explotar, no sea que la pereza haga perderle; ve tras e- llas i no vuelvas hasta descubrir su guarida. Pierde cuidado del nene que si berréa le a- callo con un buen biberon. La joven sin hacerse repetir la orden echándose un pañolón sobre los hombros i acomodándose un flexible sombrero de paja- salió presurosa en persecución de la misterio- sa pareJa. Le llevaban buena distancia, mas Pepa acostumbrada a las malezas i abr0jos del a- brupto camino i confiada en la fuerza de s~s jóvenes i vigorosas pantorrillas, continuá- ba tranquila su marcha sin perderlas de vista. De pronto sobresaltóse i poniendo una

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