Zarela : una novela feminista

t ZARELA pi.é fué a co locarse delante de la cuna de la 11iña en actitud de reRg~ardarla. Rosa lía atemorizada con el fracaso fué ca riñosa hacia ella. -Mire doña Pepa ¿qué remilgos son e- ~os?. E~ una ofensa acaso lo que mi señora le propone? Si aceptan, bien, a cambiar de posesi.ón se ha dicho, a disfrutar de la vida como debe ser; si no, a bregar hasta matarse i a morirse de hambre si usted gusta, pero nada de fieros. - No se fija usted que la sa- ñora ádoraría a la criatura i que estaría me- jor que con aquella que por humanos respe- tos la aleja de sí. No hay que ser tontue- la, doña Pepa, recuerde que la fortuna es ave de paso i muy rara, si en esta vez no la cojen, no le verán mas tarde ni de lejos. ·La joven mas serena con las razones de Rosalía i sintiendo en el alma la imperiosa voz de la codicia volvió de nuevo al asiento. En tanto Olga no había perdido el tiem - po, borrando los escrúpulos de la anciana i a vi vaudo ::;u mal disimulada ambición. Cuando creyó oportuno sacó del porta- monedas un paquetito i desdoblándolo, mostró a los ávidos ojos de las mujeres gran núme- ro de relumbrantes esterlinas. - He aquí-dijo con pachorra-lo que si gustan) puedo darl~s al momento .en cam-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx