Zarela : una novela feminista
ZARELA 25 dijo c~rmosa Olga tomando asiento en una rú~tica Rilla de madera. - U8té doña Rosalía venga· por aquí, tome a~iento en est.e banco. - Gracias, gracias doña Rafa -dijo Ro- s~ lía, que después de abrazar con efusión a las mujeres, había quedado de pié guarda ncio respetuoso silencio. En tanto que las aturdidas campesinas recuperaban su calma habi'tual, Olga dirigía una escrutadora mirada por la destartalada habitación haciéndo~e cargo inmediato de la sítuación pecuniaria de aquellas pobres gen- tes i alentada por sus inves.tigaciones díjo- les: -Un asunto de sumo interés tRnto para ustedes como para mi, aa · hecho que venga a distraerles un instante. Sé que hacen pocos días han recibido una niña para criarla. -Así es señora, - aseveró la anciana. - Bien, ¿cuánto les abonan por su lac ta.ucia? - Una pequeñez señora. Mi pobre hija tuvo su desgracia i como el padre del mu- chacho haciéndose el olvidadizo no dió un céntimo ni para pañales, ella ha tenido que recurrir a ser nodriza i de ese modo ayudar- nos en algo.
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