Zarela : una novela feminista

24 LEuNOR E. DE MENÉNDEZ al hogar rebozando arregosto i triunfalmente comunicó a las señoras su feliz hallazgo. El temor a la deshonra había llevado a la casuca de dos pobres mujeres, una niña recién nacida; este descubrimiento decíale al corazón que llegaban a la meta de sus aspi- raciones, ocasión ~ás propicia no podría pre- sentársel~s jamás. La soledad i miseria en que vivían las dos mujeres i el silencio del campo eran auxiliares poderosos para la eje · cución de su obra. Con gran astucia i sa- gacidad había hecho hablar a las campesinas más de lo preciso: la niña era de noble orí- gen, había sido bautizada en la Iglesia de la Compañía i los padres eran Eduardo TRssa- ra i Soledad Tomazi. Olga, ataviada sencillamente para no des- pertar la codicia de las muj eres i llevando cubierto el semblante por el crespón de es- tricto luto, llegó en compañia de Rosalía a la miserable casuca. - Bueno~ día ·, amigas. -Buenos días nos dé Dios señora, pase usté adelante.-Pepa 7 sacude la silla que no ensucie el vestido de la señora; esa silla no mujer está muy mala, que dirá señora, esto de ser pobre 7 no tienA uno ni en qué sen- tarse. -No importa 7 amiga, aquí estoy Lien,-

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