Zarela : una novela feminista

ZARE LA 8 La ~irvienta salió a cuinplir las órdenes de su ama. Esta cambió ·u tocado con otro aparente para ir al comedor i póniéndose un poco de polvo rosáceos en ámLa" m~j i lla para disimular u palidez, sonrió al espejo satisfecha de sí. La señora de Espan~t recibió aquella tarde a sus amigas con el aire habitual de correcta elegancia en maneras í estilo, que era su distintivo i con aquella ecuanimidad de ánimo propia de la mujer feliz. No ob - · tants un sagaz observador, habría descubierto en el fruncimiento imperceptible de las ceja i en las distraccione involuntarias en la con- versáción, la honda preocupación que embar- gaba el espíritu de la señora. Al siguiente dia i a la hora prefijada, Lili ejecutaba maestralmente en el piano una her- mosa obertura i el señor Espanet en casa de un amigo conferenciaba con un grupo de po- líticos sobre asuntos de interés. Luisa i la viuda de Guzman su hermana, sostenían ani- mada i baja conversación en la coquetona sa- la de estudio de Ja primera. Resalía escuchá- balas a respetuoBa dü;taucia. - ¡Bah, Lui~a por Dios! no me vengas con quejumbres . . ¿Sabes? los engreimientos te tienen así, reflexiona querida, eso es ser demasiado ambiciosilla; aprende de mí que

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