Zarela : una novela feminista

179 zosa dándoles paso. El suelo del pequeño- cuadrilátero apttrece cubierto de cascajo, con una depresión al centro, demo trando esta la fo"ª ·común de los que, por falta . de recur - so , no pueden ser seleccionados. U na ma- lez1-t. raquítica, amarillenta i plomiza, es el natnral i a.greste mausoleo que sobre ellos se levanta. Diríase que e ta exausta vegetación, má~ humana, más piadosa que los hombres, de ·ea disimular con sus melancólicas ramas la inmensa desolación que allí se ve i la ri- gidez é in transigencia de las muchas veces injusta justicia. Frente a la entrada se ven tres hileras de nichos, con lápidas algunos, sin ellas, tris- tes é incógnitos las más, en los cuales zum- ban abejas i moscardones que parece entona- ran misteriosas salmodias. La señora Luisa enjugándose las silen- ciosas lágrimas que bañaban sus mejillas, sa- lió después de haber cumplido su deber. -¡Infinita, imcomprensible piedad Divi- na!- ex.clamó:-Tú lo sabes todo, tu justicia es luz; aquí error i miseria. ¡No perdonar ni a la hija, ni á l~ inocente niña; ella tam- bién debe ocupar un lugar aquí, porque así lo ordena la mundana justicia! ¡He aquí sus obras! ................. . La señora manifestó a la policía ser pa

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