Zarela : una novela feminista
ZAREI,A 177 forman la triste capilla ardiente de la suL cida i el únieo eco de dolor que se aperci- be lamentando su desaparición, es el lúgubre canto del buho. Allí no hay quien envíe grandes aparatos florales, como se hace cuan- do fallece el acaudalado; confirmando esto, 10 que alguien dijo: «que las grandes ma- nifestaciones a los muertos, revelan solo la vanidad de los vivos.» Por todo adorno se ve la mortecina luz de un~ bujía que oscila, alumbrando apenas el rnlitario cuartucho! Al siguiente día muy temprano una cria- da enviada por la señora Luisa i su hija, lle- ga a la habitación ocupada por Margarita i en vez de hallar a ésta, ve a unos emplea_ dos de la policía que toman nota de lo exis- tente en aquel aposento. La criada intrigada por lo que juzga un allanamiento de domicilio, interroga a uno de los policiales; éste tranquilamente la po- ne al corriente del funesto acontecimiento. La muier santigüándose varias veces i llena de estupor se alejó a participar a la se- ñora Luisa lo ocurrido~ Esta quedó atónita al recibir la noticia, permaneciendo gran rato sin decir una frase, ni poder c~ordinar sus ideas. Cuando hubo reaccionado, pensó en la manera de atenuar el terrible pesar de Zare-
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