Zarela : una novela feminista

ZARELA 129 . . . Todo esto, era la señal de alerta que su naturalezª' le dab~, así lo comprendía ellá; no ob~tante en vez, d~ preocuparse por su salud, · 1a descuidó cqñ secreta alegría i sin quejarse fué soporta~do en silencio los d~Ici­ res i ~íntomas de una . grave enferm~dad cardiaca. * ~· *. Habían llegado los días de la cuaresma, aquellos en que el sentimiento re!igioso de la mi-:>tiana ciudad se hace · mas ostencible. Era el Jueves san t.o i desde el medio día, e~cuchábase en el recojimiento silencioso de las calles, el acompasado ruido de pisadas i el sordo murmurar de padre-nuestros, de las edtaciones rezadas por colegios i gente devóta. Por la tarde, Soledad, haciendo llevar el tradicional arroz de leche, los biscochos i el celebrado pan de dulce, llegaba a casa de Margarita. · · Después de hacer los honores a las go - losinas, salieron las dos hermanas por la no- che a rezar estaciones. Veíanse los templos profusamente ilu- minados, presentando el altar mayor un gol- pe de vista fántástico i caprichoso. La in- finidad de focos de 1uz i ceras parpadeaban deslumbrando con· su fulgor intenso, i for- mando curiosas i diversas figuras. Las plan-

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