Zarela : una novela feminista

128 LEONOR E.DE MENÉNDEZ Por afinidad espiritual buscaba a unas_ cuantas amigas, que, como ella no eran felices i allá en la intimidad vertía el con suelo balsámico de sus frases, levantando el deprimido espíritu con su ejemplo. A Simón se le veía muy poco en el hogar i cuando le daba el capricho de al- morzar o c0mn en él, llegaba a la mesa cual un extraño; saludaba ceremonioso a Soledad i tomando asiento distante a ella, charlaba indiferente de uno que otro asunto; de los negocios que se relacionaban con sus intf'reses, o de tal o cual sensacional noticia. Terminan- do el menú, ambos volvían a separarse con la misma indiferencia, sin dirigirse un solo reproche, sm pensar siquiera el día en que volverían a verse. La salud de Soledad decaía visiblemen- te sin que nadie lo tomara en cuenta. Los pesares, aquellos obreros infatigables de des- trucción, fueron minando lentttmente su jo- ven organismo. Sin motivo aparente experimentó sacu- didas violentas en el corazón, pinchazos co- mo de alfileres, luego mas fuertes cual la mor- dedura de un reptil i por último como si le -atravesasen un hierro candente en el delica- do órgano.

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