Zarela : una novela feminista

126 LEONOR E. DE MENÉNDEZ amantes, los demás ~on doblemente microb~a­ nos, quitan la vida por infección i matan la fe del corazón, la fe del cariño. Y aquí vienen, voy a divertirme de lo lindo, ¡qué pareja! Dio las cría i ellas se juntan. Tanto por no dejar u sitio de obser- vación, cuanto por echarles prosa con su vistoso traje i diversidad de anillo~ montana que sus manos adornaban, la damisela pidió nuevos refrescos i pa teles. Brunequilda i Hienaira tan entusiastas estaban en su cháchara, que no se apercibie- ron de la observación que eran objeto. La escuchadora, muy indignada, no perdía fra- se i cuando oyó el retintín de la diferen- cia de clase i linaje sintió subírsele a la na- riz la mostaza. -¡Qué par de acémilas!-exclamó casi en alta voz,-venir con estos humos, alardear a· zulada sangre en un país democrático como el nuestro i en esta pequeña población en la que se conservan frescas las tradiciones; fue- ra en París, quizá sería difícil hallar el ár- bol genealógico, pero aquí, aquí, ¡qué chifla duras! I ese aspaviento de virtud ¡Dios san- to! ¿Cuál de las dos arrojará la primera pie- dra? Por algo dicen «que de la mujer, su peor enemigo es la mujer.» Debo salir pres-

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