Zarela : una novela feminista

. 124 LEONOR E. DE MENÉNDEZ Brunequilda a su amiga, en tanto que se cambiaban estrecho abrazo i dos sonoros be· sos en ambas mejilla!:3. -¡Ql}é feliz encuentro, vida mía;! aun· que antes de pasar a tomar un refresco, ya te había . visto de lejos, no pensé tener el placer de hablar contigo; vi que estabas a- compañada con la huachafa Fredegunda. -Sí, verdad, no me fué posible evadir el bulto de esa empalagosa pegoste, que por darse importancia, la mortifica a nna con su saludo i melosa conversación, cree la muy cursi que sus cuatro reales la autorizan a mezclarse con la gente. -Sí, es un atrevímiento> has debido de· jarla plantada. -Tienes razón, debí hacerlo; pero que quieres, este corazón, estos sent1mientos. -Se domina todo hija, primero es la posesión, i el linaje ¿qué dirán de tí los que t9 hayan visto con esa tipo~ -Dices bien, qué vergüenza! ¿Sabes? me dió curiosidad lo que me decía de So- ledad del Valle i quise oirlo todo. -¡Ah,! de Soledad se trataba; pero, mi- ra entremos de nuevo a la ·pastelería, allí te- nemos libertad pa.ra charlar un poc0. -Muy bien, aquí te diré lo que he sa-

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