Zarela : una novela feminista
ZA.RELA. 123 dad hija, ¿ · abe~,? la mosquita muerta de So- ledad, está en grandes amores con Meza. ¡Ji, jí, ji,! no me lo digas, ¡no es po_ si ble! - ¡Já, já, já,! ¡qué no es posible en es_ te pícaro mm do, hija mía! -Tienes razón Brunequilda, tienes razón. ¿Cuándo va a casa para que me lo cuentes todo, todo con sus puntos i comas? -Muy pronto estaré por allá, pero de- bo hacerte una advertencia, esto que te re- fiero no lo digas a nadie ¿eh?, no olvidemos ]a caridad, la bendita caridad. ¡Pobre Sole_ dad, pobrecilla! - ¡Sí, pobrecilla,! pierde cuidado que no lo diré, mas siendo tú la que me lo reco- mienda, tan buena, con ese corazón tan . n~- bl~, tan. .......... . -Latera, me abrumas; tú eres la buen~, la generosa, la........ . - Zalamera, no prosigas; hasta pronto cholita. -Hasta pronto, vida mía. Fredegunda penetró a una tienda i Bru- nequilda continuó ufana su camino repartien- do sonrisas í saludos. - ¡Hola, hola!-exclamó Hienaira de los Ríos al salir de · la pastelería i hallarse .de manos a boca con la interesante viuda. ~ -Dichosos los ojos que te ven-dijo
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