Zarela : una novela feminista
ñó a su amiga ha, ta la puerta i como s1 ex- perimentase alguna desazón en la c011C'iencia la díjo: - No olvides, querida, mi recomendación respe0to al ::5Ílencio del secreto de Soledad, es deber nue tro ocultar d bi hdad s de sexo. -Descuida, no lo olvi o, adio . Brunequilda, viudita d1verti a i de genio retozón, que por me io d l dinero tuvo la suer- te de hacer cie~a i sorda a u~ relaciones, al extremo de no dar e cuenta de u trave uras; al ·salir de casa de la d1gntt amiga, entia el prurito de cháchara ubstancio a, como ella le llamaba a esa, en que dtiba fuertes picota- zos a la honra ajena. Contoneándo e bajaba por Mercaderes, _cuando di visó a Fredegunda, acan alada i re. finada señora del campo. -¿Por u' tan de prisa querida, como está~?- Permiteme otro be o. -No tan bien, ni tau encantadora como tú. ¡Jesú , qué be os los nue tros! ¡Latera,! más ¿qué dirán de nuestros be- sos si son tan sincero ? ¡Dónde vá ? -De compras. - Bien, podemos charlar algo, dame el brazo. -¿Qué me cuentas Bruneqnilda? - U na gran novedad, una gran nove-
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