Zarela : una novela feminista

ZARELA 121 -¡Bah,! tan cierta como esta clara luz que nos alumbra, aunque no ±alta algún pia. .doso o bellaco en asegurar ser platónicos a- mores. En :fin h1ja, sea lo que sea, esto que te part101po no es faltar a la caridad, líbre- me Dios de tal co, a, mucho mas teniendo que cumplir mañana con la iglesia; si te lo he dicho es porque guardarás el secreto ¿eh,? de lo contrario tendría algún escrúpulo de conc1euc1a. - Pierde cuidado Vivorina, queda tran· quila, no diré nada mucho mas estando hoy de igle:sia; pero insistiendo en nuestra histo- rieta, ¿crees tú en la bellaquería del platonis- mo? Ja, já, já, que se lo cuenten a Moya Cretino, que él apechugue esa paparrucha. -Esas son tretas hija, pero dejemos es- to i charlemos de lo que nos atañe. -Sea. -Supongo que mañana no faltarás a la sesión de la Liga i por la tarde a la proce- sión. -¡Oh imposible faltar, sé que van a tra- tarse asuntos de vi tal importancia para la .Liga. I a la procesión seré la primera en llegar. Brunequilda poniéndose en pié dió dos sonoros besos en las mejillas de su amiga despidiéndose afectuosa. Vivorina correspon- dió en igual forma la despedida, acompa·

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