Zarela : una novela feminista
120 LEONOR E. DE MENÉNDEZ a grandes voce~, entre aspavientos, frases de hipócrita compasión, mofas i ri as. Cansadas de remilgos i de hablar des- propósitos, dejaron las señoritas a su a:piiga, llegando dBspués de un momento otra 1~ueva. visita a saludar a la bondadosa Vivorina. Después de los cousabidos abrazos i be- sos, la dueño de casa hizo tomar asiento cer- ca de sí a la señora Brunequilda viuda de Urdiales, interrogándola con gran a~paviento. -Sabes el notición del día?-la dijo -No, qué de nuevas tenemos? -Que será, sinó que esa loca de Sole- dad olvida sus deberes i va de picos pardos, muy amartelada con el ladino de Eduardo Meza; en tanto que el papanata~ del marido juega al escondite por los arrabales. -¡Ay, que horror, qué barbaridad;! el mundo está muy pervertido hija mía. -Que si lo esta y cada día es peor; en mi tiempo no se veían estas liviandades, éra- · mos tan recatadas .........pero ahora espanta tanto descaro. Dices bien Vi vorina, mas que le hemos de hacer; este progreso, estas modas que a- traen las miradas del sexo fuerte, esta liber- tad; esta favorecedora semioscuridad del ci- ne............Pero, volviendo a Soledad, ¿será ver- dad aquello;? estoy intrigada.
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