Zarela : una novela feminista
118 LEONOR E.DE MENÉNDEZ No fué menos la recibida por Eduardo; que hondá su pena al descubrir el camLio o- perado en tan pocos años, tanto en el físico COUJ.O en el carácter de la mujer cuyo re- cuerdo no pudo desterrar de la imaginación. Con aquella perspicacia i sutileza del a_ .mante, Eduardo comprendió que Soledad era infeliz en su estado i esta certidumbre hízo- le despertar su dormida pasión. Desde aquel día espió i siguió los pasos de Soledad saliéndole en todas partes al en- cuentro; ella fué acostumbrándose a verle constantemente i a buscarle con los ojos do- quiera que fuese. Alarmada por los imperiosos mandatos de su corazón, puso en acción el cerebro, llamando en auxilio a la razón i a la voluntad. Su clara inteligencia, el ejemplo de su desgraciada hermana i el comportamiento de su esposo, acallaron la voz de sus sentimien- tos deteniéndola i dictándole la norma de su conducta. Soledad evitaba toda ocasión de ver a Eduardo, no iba a casa de sus amigas sino muy de tarde en tarde, mucho menos donde podía hallarle; no obstante pronto en el cír- culo de sus relacione~ cundió rápida lá no- ticia de sus amores.
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