Zarela : una novela feminista
- 116 LEONOR E. DE MENÉNDEZ honor estaba de por medio, la creerían igual a esa loca de la hermana. Confusa i dolorida escuchaba Soledad estas imposiciones i burlando la vigilancia, temblorosa i azorada como el que va a co- meter un delito, llegaba a los brazos de Mar- garita. Cuando la indiferencia de Simón por ella, llegó a su colmo, entonces· pasó largas horas al lado de la hermana i de la peque- ña Margarita. Las pocas veces que logró hablar a Ru- perto, Soledad agotó súplicas i argumentos para obligarle a la rehabilitación de su her- mana, que hasta entonces no sólo no había efectuado, sino que día a día descuidaba las obligaciones adquiridas. Soledad tornaba a su hogar con el corazón opreso; a sus pro- pios pesares unÍánse los de su infeliz herma- na. ¡Cuántas lágrimas vertidas juntas! cuán- tas violencias por domeñar los impulsos de venganza de la escarnecida víctima! Margarita, en un arranque de justa in- dignación por la manera de ser de Ruperto, ha~ bía manifestado a su hermana hacerse justi- cia por sí propia, ya que en tales casos no la había en este país para una mujer. Si no fuera por tí-la decía ya le habría
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