Zarela : una novela feminista
110 LEONOR E. DE MENÉNDEZ sigan envidiándome; cumpliré mi deber has- ta donde la dignidad lo permita. Como recordó entonces Soledad una cé- lebre conferencia dada por inteligente dama en cierta ocasión, aún e cuchaba las frases con- vincentes i uge tivas; aquellos argumentos es- peciosos con los que habló a su candorosa i- maginación de joven bonita. - "Señoras - de- cía entre otras cosas la ínclita conferencista -no necesitáis desflorar el campo del saber ni menoscabar vuestra ~alud con las penosas vigilias del sabio, triunfaréis en la vida por el bien, por él dominaréis al hombre, ¡Qué bello i fácil de decir aquello, mas cuán difí- cil de realizarlo! Ella joven, buena i boni- ta, con muchas condiciones para el triunfo i no obstante no sólo veíase en la impotencia do domeñar muchas maldade , sino de triun- far en el reducido espacio del corazón de su esposo. ¡Ah señora! - exclamó Soledad con voz angustiada. -Cómo fuera posible que ocupa- rais un sólo día mi lugar i entonces cuán distinto sería lo que dijérais desde la tri- buna. Otra tarde que Soledad en compañía de unas amigas fué al cinema, Simón había re- gresado de un largo paseo poco antes de las ocho de la noche i al ver que ella no esta-
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