Zarela : una novela feminista

ZARELA 109 dominar su justa indignación, redoblando en cambio mimos i prudencia. Una mañana, después de la noche de orgía, levantóse mal humorado Simón. Sole_ dad venciendo la gran repulsa que experi- mentaba i firme en el propósito de atraerle, saludándole cariñosa le dió en una de· las a- bultadas mej iltas un ósculo de perdón. .J:!il apartándose displicente la dijo con torpeza. «No seas tonta mujer, déjate de ridiculeces, eso está bien para los recién casados, nues- tro matrimonio es viejo, muy viejo; además ten presente, que los halagos, como el dulce empalagan, empalagan mujer.» Dió media vuelta i girando sobre los talones i dando la espalda a Soledad, dirij ióse al comedor, devo- rando con sus fuertes mandíbulas el confor- .table desayuno que sobre la mesa sus hono- res esperaba. Pálida i desconcertada quedó Soledad de pie como enclavada en el 8uelo, como si el golpe l>rutal recibido en el corazón repercu- tiendo en el cerebro la hubiera atontado. Cuando le vino la reacción, tiñósele de vivo carmín el s~mblante i sin proferir una foo.se , ·dirijióse a su aposento. No importa-pens~-continuaremos re- prese.ntando e8ta ridícula comedia social, que

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