Zarela : una novela feminista

104 LEONOR E.DE MENÉNDEZ manos abiertas i los dedos separados unos de otros, sonríendo con tri te i enigmática son- . risa, mirando con mirada idiotizada perder· se rápidas sus emisarias de amor. Luego poniéndose un dedo obre los temblorosos i descoloridos labios, eguía con vacilante pa- so el curso de las aguas ha ta llegar al hue- co de la amurallada pared, que servía de de- saguadero. Allí quedaba un gran rato como enclavada, mirando el líquido que veloz e in- cesante por el acuedµcto e de lizaba. Retor- cia sus manos en ademán dese perado i con voz apenas percept.ible decía: Las golondri- nas, los pájaros entran aquí i salen, las ma- riposas llegan, revolotean i se ván, las flores que arrojo al agua me sonríen agradecidas i huyen; mas yo, yo no tengo ala ni soy pe- queñita como esas flores dicho a , ¡no puedo salir, no puedo salir............ ! La demencia de Hermengarda era tran_ quila, no teniendo otra manifestación que las frases incoherentes que atropelladamente pro- nunciaba i su afán de salir del claustro to- mando la forFa de un objeto cualquiera, ya como un dulce por el torno, ya. como la flor arrastrada por el agua, o convertida en pá- jaro, mariposa, etc. Pasaban estas crisis i quedaba muda, silenciosa, obedeciendo sumi- sa cual un corderillo lo que se le ordena-

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